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D. JUAN DE LOS MANJARES

Autor: RAFAEL-ANGEL HERRA

Editorial: ALFAGUARA

Tema(s): Literatura

Fecha de publicación: 2012

Código: 9789968893084

Formato: Pasta suave

Idioma: Español

10,000.00
Cantidad
 
1
 

D. JUAN DE LOS MANJARES

Autor: RAFAEL-ANGEL HERRA

La novela D. Juan de los manjares, va más allá de ser una simple novela pícara y sugestiva, pero, ciertamente el escritor se deleita con llamar la atención de ojo del lector, con esa certeza de saberse descubierto, deshilado palabra por palabra, así que, con esta seguridad, mira los ojos de quien lee y lo guía por el camino de sabores y sinsabores que se presentan en la historia. La novela tiene una cantidad de voces masculinas, que muestran al macho costarricense tal como es, así, indica desde el principio: Mucho, macho, mocho. Carnavalesco, despreocupado, quien busca divertirse a toda costa, despotricar contra el gobierno, los corruptos, las calles en mal estado, la basura en las aceras, la contaminación, los equipos de futbol, maltratar a la esposa e hijos cada vez que puede, tomar guaro hasta el hastió y tratar a las mujeres como simples objetos o putas y eso para que no se sientan tan mal, para colmo de males, el tico, se presta para trabajos sucios, **como se denuncia**, la trata de mujeres. Por el contrario otras voces defenderán a las mujeres, que con multiplicidad de figuras literarias encontramos, en retrospectiva, en el presente inmediato y en el futuro prometedor, denominadas sutiles, musas, adoradas, amadas, bellas, con cualidades infinitas, cercanas a los ángeles, inteligentes, suspicaces, con sabores y aromas diferentes, comparadas con las frutas más exóticas y los más finos vinos. Algunas damiselas, caerán con las palabras y las pasiones que ofrecen algunos de los “Miserables”, grupo de amigos que se reúnen los viernes, otras, tras la daga de los delincuentes. El personaje principal goza de la fama de Don Juan, evoca al legendario Don Juan, un personaje arquetípico, de la literatura española, pese a eso, nadie, ni sus amigos, se comparan con él, aunque el autor no lo describa más allá de sus acciones. Y es que la línea conductora, es esa incomparable forma de hilar acciones, que van cayendo una tras otra, hasta dejar sin aliento a quien lee y ciertamente, te vuelve un ingenuo atrapado en la mirilla de la cerradura, hasta el final.

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